4 de agosto de 2008

¿Qué pasa si efectivamente alrededor de los treinta o los treinta y uno el hijo de puta deshace las valijas y planta una huerta para tener zanahorias frescas a la hora de cocinar? Y cocina, cocina rico y sonríe. ¿Qué hago? Me dijeron que no, que no va a pasar. Me hice un mate para bajar la afirmación a atragantadas calientes, como las que le pegaba a él para convencerlo de la idea de la huerta –pero ahora, y conmigo. Me dijeron que no somos etapas, que somos procesos, que no nos podemos saltear el arado y un día despertar de un sueño delirante y arrancar de la tierra zanahorias maduras y brillantes de tan naranjas. Lloré un rato en el jardín solo y seco; era febrero. Me alejé de la estación dejándome atraer desde otro polo. Me desperté en otro país, como de un sueño delirante, y ahí tiré de las raíces. Eran zanahorias que no eran mías. Recordé el tono rotundo de Euge, apenas arrogante (me encanta): que somos proceso, no etapas, y volví a casa, cabizbaja, al jardín de vuelta, ya era marzo, a arar, se largó a llover y la tierra revuelta se fue humedeciendo.

5 comentarios:

toto scurraby dijo...

hola paloma.ahora voy a entrar a tus textos.ya te acostumbraras a los golpes jajja de los mios.saludos.te agrege a los links

Jota Sch dijo...

LO BUENO Y BREVE DOS VECES BUENO.
GENIAL, ME GUSTO EL FORMATO.
BESOS

Anónimo dijo...

Yo pongo mi huerta al lado de la tuya mame y vamos a tener las mejores fuking merecidas zanahorias du mundo.
Impecable como siempre
te adoro

el_bruno dijo...

muy lindos tus textos. pasaba y me puse a leer...

el bruno

polaco scalerandi dijo...

lindo eso paloma, es verdad que no se puede saltear el arado, hay que laburar viejo, jeje, ya llegaran las zanahorias naranjas naranjas.
abrazoooo grande paloma, espero que estes bien, gracias por pasar siempre
el polaco