17 de agosto de 2008

el choclo

La música empezó como invitando, de a poco, como envolviendo en un ciclo progresivo que cuando te dabas cuenta, ya estabas en el medio de la nota. El auto se movía como manejado por alguien que no fuera yo. Y sobre agua, o aceite. Se me repetían imágenes de hace unas horas: la puerta cerrándose sobre tu espalda, encima tuyo, mis ojos diciéndote andate, inyectados de un tinte espeso de furia, te los dirigía desde la sombra de mi cara, tenía toda la cara hacia abajo y los ojos desde esa sombra, fijos, andate, los barrotes de la reja cruzándonos la última conversación, la llave puesta y yo la sostenía, a punto de girarla, ya estabas del lado de la vereda, andate, te hubiera cagado a trompadas sin llorar ni una sola lágrima. Y después la música aflojaba, había estado tan arriba, con todos los instrumentos respondiéndose entre sí, y bajó, algunos hicieron silencio, quedó una melodía melancólica, cansada de la música anterior. Vinieron imágenes tan distintas: Era un tango como éste el que bailábamos cuando yo te abría las pestañas de par en par y también te miraba desde una sombra, pero la de tu cuerpo llevándome por música parecida a esta, la de El Choclo. Era una hipnosis, el gesto atascado en la sonrisa que dolía, ya, de tanto tenerla puesta. Vi mi propio gesto, qué aberrante. Qué cosa más artificiosa, más construida y mentirosa que ver el propio gesto, pero lo vi: los ojos entregados, el gesto abandonado en una expresión imbécil de encantamiento. Imbécil, se podía caer la baba. Y me vi ínfima. Pulgarcita. En la sombra de mi ropa, tan oscura, la postura en un nudo de codos cruzados con rodillas, enroscada como un gato al pie de una chimenea, pero al pie de tu perímetro, con el cuerpo tenso que tiene frío pero sabe que si se queda un rato, va a empezar a dar el calor del fuego, y es cuestión de aguantar el frío un toque. Esperé tanto: dos inviernos. El gato está electrizado, las uñas clavadas en la alfombra, el cuerpo arqueado, agazapado, listo, y los ojos brillando desde la sombra del fuego que no vino, inyectados de un tinte espeso de furia, andate, es la última vez que te lo digo. Dos vueltas de llave.

6 comentarios:

toto scurraby dijo...

que bueno verse infimo y que cantidad de imagenes que me dislocan.lo tuyo tambien me parte el craneo nena.abrazo

polaco scalerandi dijo...

cuanta furia y resignacion, paloma, de verdad sabes transmitir emociones che, muy lindo texto, eso dela cara para abajo, me matooo. para cuando un libro de paloma, lo quieroooooo
abrazo grande paloma, y segui escribiendo para tus lectores, incluso para los que leen y no dejan comentario, pero segui escribiendoooooooo
otro abrazoooo
el polaco

Jota Sch dijo...

Andate.
Si.
Andate.

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FELICITACIONES Paloma, en tut le senses.

Anónimo dijo...

el choclo matutino fue mientras que nos comiamos juntas pero separadas un alfajor havanna. que bien que me sientan esos momentos de fin de semana.

Anónimo dijo...

wow, muy fuerte. Le imprimiste mucho sentimiento, congrats! Me gusto mucho,
Bueno chau!

Anónimo dijo...

fuck!!!!!!