26 de mayo de 2007

puños y segundos

Con la luz blanca en la cara, la luz del monitor y de la “hoja”(.doc), ya no existo ni en el puño ni en la letra. Ya no existen los puños. Sólo perduran las palabras huérfanas y virtuales. Quizás es porque hablan con más voces que la mía. La mía dice esto, la de ellas hace miles de ecos en redes sin volumen.
Con la luz blanca en los ojos, no imagino un reverso ni un remitente. Ya no existen remitentes, ni direcciones, ni dimensiones.
¿Y si la sucesión del tiempo fuera una ilusión cultural, una mentira aprendida? Capaz se dan en paralelo el nacimiento y la muerte. Capaz la vida no se extiende como una alfombra ni como los metros. Si es, entera, como una combustión que se pierde apenas ilumina y los relojes sólo intentan anclarla en la existencia, ¿cómo concebirla?

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