2 de abril de 2010

apagando los sentidos

Me paro, camino cinco pasos rápidos hasta la cocina, como un chocolate con la mano, los dedos están manchados con tinta de marcador, ahora con chocolate derretido, así que los chupo. Esquivo cada vez más fuerte el trabajo a pesar de que se me presenta lúdico, rico, digno de compromiso. El miedo no me paraliza, me hace vibrar en una frecuencia metálica, como de triángulo, de gong, de zzz, una siesta que incrusta imágenes oníricas en el medio del día, y después uno las lleva al colectivo, y con eso en los ojos mira al que se sentó en frente mío y de espaldas al parabrisas. Viajar para atrás no lo marea. Marean los ojos de él si los encuentro. Me puedo pasar buscándolos todo el día, como si fuera un hábito de los insalubres, de los que se hace curso para dejar. Y en el curso enseñan que solamente estar alerta a los naufragios espesos me devuelve a la hoja, como si acá hubiera tenido que estar todo el tiempo, como si fuera una casa un sol y una atmósfera con piel y núcleo. Una sinestesia. Un mar, con un cardumen, cerca del trópico de cáncer, o del de capricornio, es indistinto.

5 comentarios:

Paloma dijo...

podés creer que no andaba el botoncito de cambiarle la caligrafía al texto y tuve que salir al frente con esta cara de máquina de escribir amarga?

Jota Sch dijo...

me encanto.

"tropico de cancer, o de capricornio, es indistinto". - eso ahora en mi pais es llanto, pero en la vida, asumo, tmb es indistinto.

me encanta leerte, tana, y te extraño horrores.

Dante dijo...

solamente estar alerta a los naufragios espesos me devuelve a la hoja es tan tal cual que me da miedo

Rayuela dijo...

sinestesia produce leerte.

me gustó tu sitio

besos*

Tamara dijo...

Que bueno. Me encanto. Buenisimo. Profudo, severo, sensible. Digno suyo rumi.