9 de septiembre de 2007

carta de mentira al exterior

Sí, igual ya sabés: Las cosas en los hogares siempre se quedan más o menos como uno las deja. Cambiamos las cortinas del comedor, a lo sumo; o se rompió -¡finalmente!- la plancha que les regalaron los abuelos a papá y mamá en los ochenta. Este último tiempo mamá estaba azorada de que siguiera funcionando y le contaba a cada invitado que la plancha era más vieja y leal que su hija mayor. Yo contestaba mecánicamente que gracias por lo que me toca y que las camisas quedan como el culo así que si no es la plancha es su falta de meticulosidad. Los problemas de nuestra raza, la de los sedentarios, son mayoritariamente técnicos. Todo está en curso hasta que un paro de bondis se viste de evento, todo funciona hasta que la plancha leal hace cortocircuito, chisporrotea sobre la pollera de raso de Clara haciéndole varios agujeritos y exhala, agotada. Y para contrarrestar lo intrascendente de estos infortunios yo decido enamorarme deliberadamente pero nunca hay un tipo del hierro de la plancha que tuvimos, ¿sabés? Nunca. Boluda: Me está creciendo una mochila en la espalda, se me están frunciendo las raíces. Quiero irme para allá... Haceme el favor: Viajá por las dos y sobre todo extrañame.

6 de septiembre de 2007

oikos en una sola dimensión

El placer de manejar en pantuflas. Cuatro de la mañana, sábado, y yo en pantuflas blancas de toalla, floreadas –muy Nana Fine– con las manos en el volante sintiéndome muy Fangio.

Resulta que la cana secuestró como a cinco autos en Libertador y a mí la alcoholemia me hubiera dado perfecta: menos cero coma cinco (agradezco que no midan azúcar en sangre), pero no me pidas una cédula de ningún color, Rati, porque salí en pantuflas. Lo miré fijo y me estacioné al lado del patrullero porque nadie en falta lo hubiera hecho.

Después me escabullí entre las calles internas, esas de semáforos de adorno, e hice el recorrido automático hasta su casa. Sentí eso de cómo las manos doblan solas en las esquinas en las que hay que doblar y los pies conocen sin ojos en dónde están puestos los semáforos, cuánto tardan en cambiar… para llegar a la fachada, tan en primer y único plano –como en una sola dimensión– y recordar que ahí vive y ahí vivíamos. Decir ok, si la casa existe, si la puerta es tal como yo la recordaba, entonces es verdad, aunque ahora todo esté disfrazado de recuerdo y resulte a los ojos plano como una foto. Pararme en frente de esa casa que parece un cuaderno de ladrillos para volver a los objetos que siempre nos sobreviven. ¿Cómo fue que nunca me detuve en que nos iba a sobrevivir la puerta de tu casa y su fachada chata? Ahora lo distinto es esto de no bajar a tocar timbre, no sé si porque no lo haría o porque estoy en pantuflas floreadas.

28 de agosto de 2007

222, tres patitos

Los días antes de irme planeé mil veces la mejor forma de ordenar mi escritorio. Me sentaba en frente de él y diseñaba alternativas. Se me ocurrió que lo ideal era llevar una bolsa de consorcio y tirar todo lo posible y en lo posible tirar lo fundamental. Después lo descarté y me pareció mejor comprar carpetas de colores para organizar los apuntes. No pude.

Me subí al avión pensando en que ahí, abajo de la persianita de escritorio antiguo, seguía la ensalada de objetos ridículos apilados sin criterio en plena orgía a lo United Colors of Benetton: sin distinción de raza, sexo, credo o religión. Que ahí reinaba mi caos íntimo de ensalada perversa; que esa es la expresión de mis rincones. Me voy a morir ahogada en una montaña de hojas no leídas, cigarrillos apagados, fotos carnet de él cuando tenía ocho años, de él a los veintiuno cuando renovó el registro y yo lo acompañé, encendedores que no andan (los que andan los perdí afuera del escritorio), la materia prima de una base de datos incapaz de cobrar estructura… miles de objetos inútiles dándose el lujo de respirar mi aire. Los borradores de las cartas que le mandé, las cartas que me escribió él a mí, los dibujos que le hice y no me animé a darle, nuestra historia en historieta y en dos perspectivas...

No puedo sin estantes, o carpetas o bolsas de consorcio.

Quedaron sueltos todos los papeles que tienen que ver con él y yo estoy en este otoño de hojas huérfanas. Capaz la solución es kerosene y fosforito.

24 de agosto de 2007

pácha (s·spglish)

(A pedido de los zurdos de cotillón que, no sabiendo portugués, leen los híbridos en portuñol pero se niegan rotundamente si el inglés está en juego. A no renegar de nuestros orígenes... Mucho reto pero acá estoy, haciéndoles caso. Pucha, che.)

Y si me lo permitís, Juan,

te voy a tener que matar
sólo para ahorrarte el agotamiento:
¿Quién más puede tener un cielo de cinco lunas
y medirlas con escuadra para asegurar, cada mes,
que no es padre de cientos de medios hermanos?

¿Estás sangrando?
Sí.
Ok, me borro un tiempo, entonces.
Tiempo de siembra.
En cualquier otro lado.

(Te olvidás de que) Soy madre tierra, hijo de puta.
En donde sea que labres que caves que ares,
es la misma mujer la que se desgarra.
Tené cuidado con lo que decida dejar crecer
desde su entraña o su ombligo.


22 de agosto de 2007

pácha

And if you do let me, John,

I will have to kill you
just to keep you from the exhaustion you are going through:
¿Quién más puede tener un cielo de cinco lunas
y medirlas para asegurar, cada mes,
que no es padre de cientos de medios hermanos?

¿Are you bleeding?
I am.
Ok, me borro un tiempo, entonces.

Sowing time.
Elsewhere.

Soy Madre Tierra, hijo de puta.
En donde sea que labres que caves que ares,
es la misma mujer la que se desgarra.
Be careful with what she decides to let grow.

19 de agosto de 2007

meet me in mountauk

Joel: Hi.
Clementine: Hi. Didn't figure you'd show your face around me again. I guess I thought you were... humiliated. You did run away, after all.
Joel: I just needed to see you.
Clementine: Yeah?
Joel: I'd like to, um... take you out, or something.
Clementine: You're married.
Joel: Not yet, not married. No, I'm not married.
Clementine: Look man, I'm telling you right off the bat, I'm high-maintainance, so... I'm not gonna tip-toe around your marriage, or whatever it is you've got goin' there. If you wanna be with me, you're with me.
Joel: Okay.
Clementine: Too many guys think I'm a concept, or I complete them, or I'm gonna make them alive. But I'm just a fucked-up girl who's lookin' for my own peace of mind; don't assign me yours.
Joel: I remember that speech really well.
Clementine: I had you pegged, didn't I?
Joel: You had the whole human race pegged.
Clementine: Hmm. Probably.
Joel: I still thought you were gonna save my life... even after that.
Clementine: Ohhh... I know.
Joel: It would be different, if we could just give it another go-round.
Clementine: Remember me. Try your best; maybe we can.

17 de agosto de 2007

alterno

Las cosas que no aburren son las que no tienen alternativa: comer, dormir, tocarse.

Son-punto.

Y entonces queda el margen que se abre por sobre hacerlas.
En ese margen, la creatividad.

¿Hasta dónde da el placer de satisfacer las necesidades primitivas? Hasta el dulce de leche, hasta los orgasmos múltiples y hasta una siesta en la playa. Pero siempre da para más, da para direcciones distintas y siempre se puede volver a hacer. Se necesita volver a hacer.

Y después están las cosas que sí aburren… porque en realidad, en vez de estar estudiando, en vez de estar haciendo un trámite aburrido por una jubilación que ni sé si me va a llegar, en vez de ordenar mi cuarto o pintarme las uñas, bien podría estar comiendo, durmiendo o tocándome.

9 de agosto de 2007

pretensiosa, pretensiosa


Agarrar la lapicera como si el lenguaje fuera un bisturí y hundirlo en la hoja para que de ella brote un ojo sellado que al fin se abre para hacer una primera (la infinitésima) lectura de lo que existe. Y tengo, inclusive, la soberbia pretensión de que se anime a lagrimear llamando así a la lagrima de quien lo mira. Volviéndose así espejo.

ela é carioca


Anduvimos en boogy por entre la tierra rota de los morros que sangran. Todo es colores acá, hasta los pensamientos. Hay algo con olor a tierra que transpira gosodiesel, a pez que se fríe, a fruta que se pudre, y lo respiro tratando de anular el peso del ancla que enuncia una mentira: patria. Sin embargo tira, eh. Mi sangre: otra mentira de las espesas. Lo cierto es que acá el cuerpo se me pone contento y quedan simétricas la pena de mi país con gesto de macho pampa (puto) negligente y la alegría de la vida acá, la que podría ser.

1 de agosto de 2007

caminante


Ah, ok, entonces sigo. Debe ser por acá.

29 de julio de 2007


Necesitaba una bocanada de aire. Una amplia. Me di cuenta de que necesitaba una bocanada de aire amplia una vez que ya la había tragado. En algún momento entre la risa y la melancolía habrá surgido esa necesidad urgente de tomarla.
A veces me doy cuenta de que tenía sed una vez que veo el fondo del vaso con los ojos bizcos y la garganta hace ruidos mecánicos mientras pasa el agua. De la misma manera en la que a veces percibo mi necesidad de estar sola cuando el silencio hace un zumbido en la oreja y descanso del ruido. Entonces me recuesto y el peso de mi cuerpo no deja de expresarse sobre el sillón como si los almohadones no me sostuvieran y me hundiera en ellos para siempre. Sin fondo, sin pausa.
Sólo dejo de hundirme cuando concilio el sueño y apenas la luz me despierta porque me olvidé de cerrar los postigones, me doy cuenta de que necesitaba dormir. En algún momento entre la bocanada y el zumbido en la oreja habrá surgido ese cansancio.

27 de julio de 2007

lost


Everybody seems to have a fucking piece of advice. I wonder where are they handing them out.

23 de julio de 2007

aniversario


Ok, pero antes de salir podrías haber tenido la delicadeza de borrar los rastros: meter tu bufanda en jabón neutro, por ejemplo. Podrías haberte encargado de que no quede evidencia de tu caligrafía o de tener un sentido del humor de los que son para no recordar.

Lo suficientemente desconsiderada, la muerte, como para darse el lujo de dejar pegados a la indefinición ciertos objetos con el perfume de nadie, ciertas notas y cartas con firmas anónimas y ciertos hijos con los rasgos del padre muerto.

¿jet lag?


¿La nena tenía fobia a los aeropuertos? Bueno, la hacemos dormir adentro de uno. Bien conductista.

Hay lugares como los aeropuertos o como los shoppings que son lugares no-país, no-unidades métricas ni de tiempo:
¿Cuánto camina uno hasta el puestito de chek…-¿in o out?- de Gol? o ¿cuánto espera hecho un bollito en una silla de plástico hasta que aparezca una voz en alto parlante que dice lo mismo en un montón de idiomas y en ninguno e indica una puerta, una gate, un portão? ¿Cómo es la cara de la persona esa que habla?, ¿será robot? ¿Cómo se visten los domingos de mate las azafatas?, ¿tienen atracones? Imaginate si atraconaran comida de avión a escondidas en la cocina triste de sus departamentos desarraigados... ¿Se tiran pedos las chicas que venden perfumes en el free-shop?

Tirún! Ladies and gentleman welcome to –dfljrigjeghgjih– the tempretarure –ldfkjfñjf.
Senhores e senhoras –gfljgejgoijgi– Buenos Aires –fljklfj– Ezeiza.
Damas y caballeros –fjeñkfgejlgjrfh. La temperatura es de 8 grados (la pú-tamadre). Fdsjfiñjf. Gracias por elegirnos y que tengan una buena tarde.

Los aeroportuinos viven antes de Babel. Disimuladamente y sin torre de por medio ellos sí llegaron al cielo y ahí están, perfil bajo, hablando una sola lengua: esa lengua robotina que a veces se disfraza de inglés, de portugués o de alemán pero que siempre suena como la misma, siempre tiene la música de una sola.

Fijate la pe-lo-tu-dez que estoy haciendo: vuelvo cantando Don’t cry for me Argentina y me confieso que un costado muuuy muuy escondido mío sí disfruta de Lloyd Webber: Puaj, me critico y lo vuelvo a esconder (esta vez mejor escondido).

Casa es retomar el ritmo frenético, volver a ponerme un reloj de pasos más rápidos que los propios, volver a ver a-, bañarme apurada, tomar mate hasta quedar desencajada por la mateína. De vuelta todo se me anticipa.

Finalmente clarea a fuerza de luz de lámpara y la madrugada me invita a su país de todas las unidades menos las de tiempo. Fiú. Ahora sí mi tripulación cerebral está lista para el descenso. Aterrizá tranquilo, pá, tengo toda la cama –mi cama, al fin– de pista.

13 de julio de 2007

chau

Cambia el clima y el viento, Buenos Aires se volvió fría pero tropical y tiene un gesto raro de estar sufriendo el cambio. Yo tengo auriculares y una taza en la mano. Descubrí que puedo desplazar mi intimidad a cualquier lado si me mantengo aislada.
Las señales me sacuden el cuerpo con un hambre nómade pero no se animan a indicar a dónde emigrar. Vai embora. Vai. Abrazo la taza fuerte con las manos. Vai. Brasil, te estou esquecendo? Não, te estou procurando. Me falta la fuerza de una bandada o la convicción de que allá hay otros nidos. Me falta su lengua pero tengo su vísera.

(Me fui a Brasil. Me fui en serio, eh; a Brasil, no al país de las maravillas. Miss me)

9 de julio de 2007

snow


Estoy en un auto que tiene el asiento del acompañante muy muy tirado para atrás y reclinado. Tengo un gamulán en la falda y está la luz de la calle y la nieve como una nube de insectitos que se vienen sobre el parabrisas y cuando pegan desaparecen como si hubiera sido mentira. ¿Estará naciendo un Gardel o una Coca Sarli?
Ella se baja del auto vestida de encaje negro, apura sus piernas blancas desnudas mientras va sacando las llaves. Se vistió de fiesta porque nieva, se disfrazó de coneja y nieva, se guardó en la casa, nieva (está sensible porque nieva). Y con el corazón bien de socióloga señaló cómo la opinión pública es una: nieva.
Nos hicimos todos amigos, esta tarde en las veredas. Es que los fenómenos de la naturaleza nos traen lo que tenemos de carne todos y todos igual. La tormenta nos va a dejar un recuerdo más anciano inclusive que la memoria de cualquier árbol genealógico. Un recuerdo humano y primitivo de que el agua estaba primero y siempre estuvo. Y cae (a veces en nieve). Algo se alivia en ese aliento único de vida y se lava y después es como si hubiera sido mentira.

8 de julio de 2007

vegas (giveaway) II


No hay nada como mimarse con un taxi.

–¿Hasta dónde vas?
–¿Entre qué y qué, me dijiste?
–Salta y Santiago del Estero.

Los estudiantes de locución deben tener una materia que se llama “recitar los números de la lotería provincial y nacional”. Es horrible. Es “de época”.

–No pego un número…
–Bueno, desafortunado en el juego, afortunado en el amor, dicen.
–(Sonríe por el espejo retrovisor) La verdad que sí. (Tiene una mujer en la sonrisa).
¿Nunca jugaste? ¿Qué número te gusta? ¿El 14?, mañana te lo juego. Si sale el 14 sabé que me hice un día de laburo gracias a vos. Es que acá en el taxi hasta que contás 100 pesos es un mundo. Hasta Callao y Córdoba, 5 pesitos, primera, segunda, semáforos, sendas peatonales, 3 con 70, tráfico… Y cuando íbamos al barquito, jugábamos al punto y banca y remplazábamos todo eso por un 50 y 50 y una adrenalina hermosa. Pero no te lo recomiendo; nunca juegues, no se puede parar. A mí me contaron que una china se tiró al agua desde el barquito porque perdió 100 mil dólares.
Mirá, fijate qué dice esta birome.
Leo: Casino.
–Al principio íbamos porque te daban café gratis, no jugábamos. Y un día dijimos “y si…”.

Cuando me habla no sé si mirarle la nuca o los ojos lindos en el espejo.

–Durante mucho tiempo nos íbamos todos los días con dos o tres lucas habiendo jugado una gamba. No te miento, eh, ¿para qué te voy a mentir? Y un día se terminó la racha, ¿viste? Perdimos 20 mil pesos cada uno. Pero por suerte pude salir y acá me ves. Igual cada vez que me acuerdo del barquito pienso “es hermoso”.

–Má, hoy me enamoré de un taxista de ojitos claros y jugador.

La insolencia de desafiar a la casa que siempre gana. Decir en voz alta “banca”… de vuelta. Aún si la última vez dijiste banca y fue punto, y aún si la próxima, cunando digas punto, sea banca; porque el clímax es cuando ruedan los dados, cuando gira la ruleta y la pelotita hace el ruidito truc truc truc cada vez más rápido, cuando todo está a punto de detenerse y resultar. Depositar algo en el suspenso. No hay ninguna razón para que la suerte esté de mi lado, ni para que no.

–Mr. Warrick Brown, are you addicted to gambling?
– (Gluc) I am.

i ching

No quiero tener que seguir preguntando cómo obrar mientras con dos manos y ojos cerrados deposito mis incertidumbres en la certeza del oráculo. Las tres monedas suenan como cascabeles opacos, eligen cómo caer, dibujan seis hexagramas y ahí estoy yo decodificando mensajes crípticos que ya debería conocer. Basta.

Podría hasta resignar el tiempo en pausa de las madrugadas, conciente de que me cuesta la lucidez de todo el resto del día. Podría hasta resignar mi país y mi casa, conciente de que me siento clavada a los hábitos y a los refugios.
Podría, pero no.

4 de julio de 2007

vegas

Aposté en una ruleta trunca la fichita que quedaba para el pan y la leche. Ahora no queda ni para el vino de cartón. Hice la puesta en escena perfecta de semanas sin tristeza: puse los ojos en la escenografía, iluminé, apagué… Pero el tiempo que cura al paso es un tiempo denso de humedad instalada; uno que tarde o temprano te encuentra la cara porque conoce los desvíos de los ojos.

¿Hola? ¿Quién habla? ¿LUTO? No, señor, la patrona no está. Se fue al casino…

No, no te estoy esquivando los llamados... Está bien, está bien, te voy a contestar los mensajes del contestador, voy a volver a tu encuentro... Dejame el pucho, lo demás creo que puedo suspenderlo... Ok, ya entendí, no me retes. Te prometo le voy a dar tránsito a mis tendencias aunque se lleven bien con la noche, con lo cursi y con el llanto.


Me escapé en un barco con un crupier morocho que hizo girar una ruleta rusa de látex entre mis gambas y me dejó un poco rota y un poco ida. Pero lo hice porque por primera vez tenía miedo de no poder atravesar esa humedad instalada y densa. Ya estoy de vuelta. Sh… Ya está; ya pasó. No te preocupes. Sh… Ya pasó.

the true gomas

Estoy CANSADA de la gente que vive sin tomar contacto, de los que no transitan más que tangentes y encima quieren hacerla sentir a una que hace mal en plena tormenta sin paraguas, toda despechugada, querida, que te vas a pescar un resfrío. Andá vos abajo del toldo, yo puedo correr el riesgo. Estoy HARRRTA de la gente que no tolera la vulnerabilidad y entonces censura la entrega. Y esos me dicen que soy yo la que asusto, siempre como si me hubiera escapado de una cirugía a corazón abierto y andara por los pasillos del sanatorio corriendo en camisolín verde. Mentira, che, asustan ellos con su constipación emocional, su cobardía y sus timideces. Mamá dice “gente que agarra la vida con guantes de goma”, yo digo: imbéciles. Quiero quejarme de esos imbéciles. Los que encuentran, primero, un millón de razones para pensar que no están equivocados y terminan convencidos y con el ego rechoncho. Te estás perdiendo toda la película y mirá que se acaba y no vas a entender nada, eh.